Hace algo menos de un año recibí una llamada de un amigo. Me sugería que quedase para tomar un café con un grupo de emprendedores de los que decía que tenían un proyecto muy interesante aunque estancado.

Quedé para tomar una cerveza (+ sandwich de salmón y alcaparras) en el Café Laie de Pau Claris, en Barcelona. A los pocos minutos de llegar aparecieron los emprendedores, nos sentamos en una esquina, en una mesa redonda, y comenzaron a comentarme su proyecto.

Era interesante, satisfacía un pain real de muchísimos usuarios, sin duda era escalable y en principio rentable. Tan bonito parecía que recibieron del orden de 600.000 euros con facilidad para financiar su presupuesto. Así pues, la solución al problema era entendida por los inversores que ponían dinero sobre la mesa.

¿QUÉ NECESITÁIS? ¡¡¿QUÉ?!!

–  ¿Y qué necesitais? ¿En que pensáis que os podría ayudar?, les pregunté

– Dinero, me contestaron

Dinero, dinero, sí. Es muy difícil en exceso de recursos realizar un estricto control financiero y no gastar sino para aprender. Es muy difícil no lanzarse a crear estructura, montar sofisticadas plataformas tecnológicas y presuponer el modelo de negocio. Es muy fácil dedicarse a la ejecución, a moverse con alegría, pero como pollo sin cabeza.

Una vez un abogado me  recomendó ir a los juicios con nervio pero no nervioso, porque me vio relajado en una causa en la que representaba a mi empresa. Ese era el mismo consejo que le había dado su entrenador de balonmano y es el consejo que, si se me permite, yo daría a cualquier emprendedor con la “suerte” de disponer de mucho dinero para su aventura empresarial.

¿QUÉ PASÓ?

¿Qué pasó? Los inversores que habían aportado los 600k, 6 en total, quisieron incorporarse a la gestión de la empresa y se unieron a los tres socios existentes. En total, por tanto nueve personas dirigiendo una empresa con cero ventas…

Los modelos vitales eran radicalmente diferentes dentro del propio grupo inversor y entre los inversores y los emprendedores. Unos se dedicaron a vender otros a montar una gran plataforma tecnológica, otros a mover contactos…sin saber qué ofrecían. Al ser tantos, nadie sentía aquello como suyo, así que el descontrol financiero comenzó, y aprovechando las circunstancias, un socio malversó fondos. Acabaron denunciándose entre ellos, y la quiebra de la compañía resultó inevitable. En los tramos finales antes del fatal desenlace, los socios emprendedores debieron realizar aportaciones de fondos para sostener el negocio, acabaron hipotecando su casa y hoy aún siguen pagando esa deuda.

¿POR QUÉ?

Steven Blank  define una startup como una organizacion temporal donde el objetivo es buscar cuál es el modelo de negocio escalable, repetible y rentable a traves del desarrollo de cliente y del agile development, pero los emprendedores de mi historia no habían hecho eso, sino una versión pequeña de una gran empresa. Ni siquiera eso, habían hecho un medio parto, y todos sabemos que los medios partos por definición acaban mal.

El aprendizaje de esta historia es que no es bueno tener un exceso de recursos (sí, ya sé que es mejor que una falta de ellos), porque conduce a la indolencia

Y AHORA UNA PREGUNTA PARA TODOS VOSOTROS..

¿Os gustaría tener mucho dinero para vuestra startup? No hace falta que contestéis a la pregunta (por ahorrar bits) ;b ¿cómo evitaríais que eso que pasó en la historia hubiese pasado?