Todos tenemos esas llamadas a las que tememos. Una de las que más temo es la de los emprendedores que orgullosos me explican que van a salir en la contra-contra de La Vanguardia, o que conceden una entrevista en radio o televisión. O que han ganado un premio de emprendeduría y se van una semana a Silicon Valley (y ganan un mes de alojamiento gratis en una incubadora, aceleradora, fast path u otros preciosos nombres). Otro día daré mi opinión sobre premios e incubadoras pero hoy hablamos de la vanidad…

AL PACINO, OVIDIO Y NARCISO

Al Pacino, en Devil’s Advocate, al desvelar al ambicioso abogado interpretado por Keanu Reeves que además de su padre, era el Diablo, dice:

La Vanidad es mi pecado favorito

La vanidad es un pecado (como todos), antiguo. Ovidio, el poeta romano, en el capitulo tercero de La Metamorfosis, narra una bonita historia, la de Narciso, que resumiré.

Narciso era un joven extraordinariamente bello, y, por qué no decirlo, pagado de sí mismo. Consideraba que su belleza estaba por encima de la de cualquier otro. Eco, una graciosa ninfa de las que aparecen en los mitos griegos, estaba enamorada de Narciso, pero había sido castigada por la diosa Hera a repetir la última palabra de todo lo que se dijera. Eso había bajado su autoestima: no era una chica de conversación fluida, vaya. Pero el destino se lo puso fácil: un día que Narciso caminaba por un bosquecillo apartado exclamó al aire «¿hay alguien aquí?», a lo que Eco, que por allí andaba, respondió «¡aquí!, ¡aquí!» (la pobre no podía responder otra cosa por culpa de Hera). El caso es que Narciso al verla, la rechazó porque la consideró impropia de su belleza y la pobre ninfa se encerró en una cueva y se consumió, no quedando de ella más que la voz (¡el eco!).

No acaba aquí. Némesis, la diosa de la venganza, se enteró de lo sucedido y castigó a Narciso: hizo que se enamorase de sí mismo al verse reflejado en el agua de una fuente. Tan guapo era que no pudo dirigir la vista a otro lado, y tan fuerte fue la atracción por sí mismo que se acabó arrojando a las aguas de la fuente y murió.

¿POR QUÉ?

El emprendedor de la llamada es feliz, se cree un elegido. Personaje más que persona. Y olvida que lo que realmente es importante no es él sino su proyecto.

¿CÓMO SE PUEDE EVITAR?

¿Antídotos a la vanidad? Sólo uno, la solución Ulises. Él tapó con cera los oídos de los tripulantes del barco para que evitasen  escuchar el canto de las sirenas y sólo se permitió a él mismo escucharlo atándose al mástil de la nave:

El emprendedor debe concentrar a su equipo en añadir valor sostenible mientras acude a los actos vanidosos con prevención.

Ulises quería escuchar la belleza del canto de la sirena, pero no olvidaba que su único objetivo era llegar a Itaca.

Y AHORA UNA PREGUNTA..

¿Sirenas o Itaca? ¿Podéis aportar experiencias personales?