Acabé el último post con una reflexión en voz alta acerca de la toxicidad inherente al oficio de emprendedor. Un veneno mortal (y vivificador a la vez, ¡contradicciones de la vida!) del que es imposible librarse una vez te ha sido inoculado. Permitidme hoy que comparta una nueva faceta de mi experiencia vital como emprendedor. Me refiero a la dinámica infernal de toma de decisiones en la que te sumerges desde el primer día.

HAY QUE DECIDIR DESDE ANTES INCLUSO DE EMPEZAR A TRABAJAR

La elaboración de plan de negocio (business plan) es un puro ejercicio de análisis de decisiones: decides sobre el producto o servicio a ofrecer (vendo patatas fritas o servicios de lavandería industrial); el mercado (mayorista o minorista); la producción (me encargo yo o subcontrato); las finanzas (me endeudo o tiro de recursos propios); la actividad comercial (cómo llego a mis clientes potenciales); la estructura de recursos humanos (contrato a Pepe o a María); la comunicación y el márketing (me anuncio en la radio o mediante buzoneo); etc. Recuerdo el primer business plan que redacté hace 21 años (estando todavía en el IESE), que hubo de ser re-hecho desde cero una vez decidimos que íbamos a llevarlo a la práctica. Hubo que re-escribir todos los apartados, recalcular todos los escenarios, renegociar todas las aproximaciones que habíamos hecho durante meses. Y aún así, una vez salíamos a la calle a intentar hacer realidad aquello que sobre el papel era tan bonito, siempre surgían nuevas vías inexploradas e impensables, nuevas alternativas imprevistas, que nos obligaban a decidir una y otra vez.

¿NO HAY PEOR DECISIÓN QUE AQUELLA QUE NO SE TOMA?

He leído y me han dicho en multitud de ocasiones que “no hay peor decisión que aquella que no se toma”. Dicho con la buena intención de que hay que decidirse para estar en el correcto camino (al menos en el punto de partida) hacia el éxito empresarial. Pues me permito disentir de dicha apreciación. Ni siquiera una razonada y sopesada y ponderada decisión es garantía de acierto en la realización.

Creo que los humanos tenemos una estructura mental innata que nos predispone positivamente a esperar lo mejor de la realidad que nos interpela cada vez que nos aproximamos a ella tras un ejercicio lógico-reflexivo encaminado a la acción. Es decir, que esperamos (a veces inconscientemente), que tras una decisión sesudamente tomada, el resultado será aquel que esperábamos. Y mi experiencia me dice que eso es así sólo en el 50% de las ocasiones. Que una decisión arduamente tomada tras larga meditación, per se, no es garantía de éxito.

EL CANSANCIO DE DECIDIR

Por ello hablo del cansancio de decidir. Porque si es difícil tomar decisiones, y muy difícil tomar decisiones acertadas, eso es sólo el punto de partida de lo verdaderamente importante: hacer realidad la decisión tomada, llevar a la práctica lo decidido.

Y si es cansado decidir, más cansado aún es ponerse manos a la obra. En fin, que tras cada post que escribo, más en crisis pongo mis últimos veinte años de emprendedor. Pero no consigo convencerme de dejarlo…

¿Alguien de vosotros tiene la respuesta? Ayudadme, por favor, a seguir en la brecha.